lunes 16 de noviembre de 2009

Premio Setenil 2009

lunes 16 de noviembre de 2009 0

El Premio Setenil al mejor libro de relatos se lo ha llevado este año Estancos del Chiado de Fernando Clemot. Un gran libro de relatos.
Enhorabuena al autor, a la editorial y al jurado del Setenil por haber premiado una obra de tanta calidad.

jueves 13 de agosto de 2009

Matar y guardar la ropa

jueves 13 de agosto de 2009 6

La novela de Carlos Salem es divertidísima desde la primera página hasta casi el final, cuando milagrosamente todo se resuelve bien para el protagonista, con uno de esos happy end imposibles de creer, inverosímiles hasta la médula. Está escrita con un estilo muy sencillo, en cada capítulo ocurre algo que despierta nuestro interés y va desvelando poco a poco parte de la trama. Independientemente de cómo acaba y de que no tiene una dimensión política (eso que tanto me gusta en la novela negra), ni una dimensión que vaya más allá del propio hecho que se cuenta (el autor tenía un buen filón que no quiso aprovechar: el de la doble personalidad del protagonista, la posibilidad de salvarse ocultando su verdadero yo o dejarlo salir y asumir las consecuencias, pero se decantó por otros derroteros), merece la pena leerla porque el rato que se va a pasar, como ya dije, es divertidísimo. Yo me la leí en uno de esos fines de semana en el campo en el que los árboles se te caen encima, siendo como soy de ciudad, y no podía parar. Leía hasta comiendo.
Matar y guardar la ropa es una novela negra. Su protagonista, Juanito Pérez Pérez, es un Don Nadie patoso a quien no se le presta atención, pero cuando se transorma en Número Tres no sólo se convierte en el asesino a sueldo más certero de la Empresa, sino en un tipo seguro de sí mismo, atractivo e infalible con las mujeres. Está divorciado y tiene dos hijos pequeños. Ni su ex ni sus hijos respetan al perdedor Juanito Pérez. La historia transcurre durante el mes que Juanito pasa de vacaciones con sus hijos en un camping nudista donde se encuentra casualmente con su ex, con un comisario de policía que le sigue la pista, con un juez estrella que persigue todo tipo de delitos, con su antiguo amigo de la infancia, con un asesino despiadado que trabaja en la misma compañía que él y con una mujer que lo subyuga a la primera mirada. Número Tres sabe que alguien tiene que morir, pero ¿quién? También se debate entre sus dos personalidades: el hombre seguro de sí mismo y el pobre hombre.
El "pero" que le pongo a esta novela es la inverosimilitud, que hace acto presencia en los siguientes momentos:
  • En las relaciones sexuales con Yolanda.
  • En la conversación con su hija sobre el sexo.
  • En la conversación con el policía sobre una mujer a la que los dos amaron.
  • El happy end, tan happy, tan happy, que es demasiado.

miércoles 15 de julio de 2009

Setenil, 2009

miércoles 15 de julio de 2009 22
Los premios son lo que son y tienen la importancia que tienen. Verdad de Perogrullo. Unos son serios y otros no. Yo tengo buen concepto del Setenil: el año pasado me descubrió un libro de relatos que me gustó muchísimo y a un autor del que (mea culpa) nunca había oído hablar: Óscar Esquivias. No debemos olvidar que, por mucho criterio que tenga el jurado, al final la cosa es cuestión de gustos y entre dos o tres libros fabulosos ganará el que más guste.

Ha sido una falta de respeto total el hecho de que se haya nombrado a los autores de cierto relieve que participan. Entiendo que no trataban de menospreciar a nadie, más bien de decir "fijaos que importante es nuestro premio, que ya se presentan hasta Fulanito y Menganita". Pero esas cosas no se hacen. Dicen literalmente:
"En esta sexta edición se ha batido el récord de participantes, que asciende a 74 títulos presentados, lo que demuestra la gran acogida por parte tanto de editoriales como de autores de todo el país (hasta ahora la media de participación rondaba los 50 títulos). Entre los autores que optan a este VI Premio Setenil se encuentran algunos tan conocidos como Ignacio Martínez de Pisón, Juan Bonilla, Juan José Millás, José María Merino, Espido Freire, Vicente Molina Foix, José Luis Borau, Albert Sánchez Piñol o Miguel Ángel Muñoz".

En 2008 me sumé a los comentarios y quinielas que aparecieron en blogs que respeto. Este año también.

Reconozco que no soy una lectora de placer fácil, que soy quisquillosa y deslenguada, pero nunca jamás he dicho nada de un libro con afán malvado, con ganas de hacer daño, entre otras cosas porque cuando leo un libro (y lo digo de verdad), me importa un bledo el autor y la editorial del mismo. Me centro en el libro. Lo digo para aquellos que no comprenden que me pueda maravillar un libro de un autor y me pueda horrorizar otro del mismo autor.

Quiero decir también que yo no vivo de esto: no soy escritora, no soy editora, no soy crítica literaria, pero soy lectora y aunque está mal que yo lo diga, soy una lectora seria y sincera.

Siempre he creído que lo fundamental que tenía que tener un escritor (además de talento, capacidad de trabajo, muchas lecturas…) era un lomo muy duro. Aprendemos más de quienes nos indican nuestros errores que de quienes nos pasan la mano mansamente por el lomo. No quiero decir con esto que mi palabra sea una verdad absoluta, pero tampoco hay que presuponer que es una patochada sin fundamento.

Dicho esto, pasaré a exponer qué libros me parecen dignos del Setenil y por qué:


Esther García Llovet y Submáquina han sido para mí la sorpresa del año. Nunca había leído nada de ella, me pusieron estos cuentos entre las manos y los leí con la respiración contenida. Esa manera de narrar, con cuchilla, la falta absoluta de concesiones para con su protagonista, el hecho de no caer en lo fácil (el sentimentalismo barato, la crudeza a lo Bukowski que tanto se lleva y tan mal se imita en este país…). Me ha parecido un libro original en su conjunto, fresco, lleno de influencias del cine y de la literatura, pero también de la cultura popular. Sus descripciones son increíbles. Esta es mi apuesta para el Setenil 2009. Es, por decirlo así, mi debilidad.

Juan Carlos Márquez es un escritor puñetero, puñetero consigo mismo. Ya en Norteamérica profunda y ahora en Oficios, he adivinado a un trabajador incansable. Coges uno cualquiera de sus relatos, lo analizas a fondo, cómo comienza y termina, buscando la redondez, qué elementos elige y el orden en el que los va exponiendo, el lenguaje exquisito, el que debe ser en cada momento, esa palabra justa. Todo en Márquez es fruto del trabajo y después está ese no sé qué que tiene además del trabajo. Llamémoslo talento o llamémoslo equis. Oficios es una lección de escritura bien hecha y de ironía fina.

Jon Bilbao es mi tercera opción firme para el Setenil. Como una historia de terror está muy bien escrito, es lo único que se puede decir así, sencillamente, para entender qué nos vamos a encontrar al abrir sus páginas. Han hablado de la extensión de los relatos, por ejemplo, o de las detalladas descripciones más propias de una novela y yo digo ¿y qué?, acaso no están las estrictas normas del relato para romperlas. Para romperlas alguien que sepa escribir, se entiende, no cualquier patán que quiera ir de innovador, modernillo y original. Jon Bilbao sabe escribir, ya lo creo, y sus relatos son estupendos. Merecería ganar sólo por la escena de sexo de uno de los relatos. Me pasa algo raro con el sexo en los libros: no me lo creo, es ñoño, o es exagerado, o simplemente no es. La escena de Jon es rara y verosímil. Uno la lee sin sonrojarse de vergüenza ajena, disfrutándola.

Hay otros autores cuyos libros me parecen muy buenos, como Víctor García Antón, Matías Candeira, Ignacio Ferrando y Eduardo Halfon, pero no los veo tanto como ganadores. No por la calidad de sus obras, que es estupenda, no sé, llamadlo intuición.

Un apartado distinto merecen los libros que no veo como ganadores. No trato, repito, de dañar a nadie con mis comentarios, entre otras cosas porque mi opinión no tiene peso ninguno, no soy ninguna gurú de lo que nos ocupa.

En algunos blogs he dicho que el libro de Flavia Campany no merecía ganar porque está lleno de lugares comunes, de temas manidos tratados del mismo modo que los han tratado cientos de veces, esperables, y con un desorden en el planteamiento que hacen que el lector se evada de lo que lee y si eso ocurre, perder el hilo, salirte de lo narrado para preguntarte: ¿¿qué??, ya has perdido a ese lector, ya has roto la magia.

Algo similar he dicho de Inma Luna, que también, como Campany, quiere seguir la estela de Elfriede Jelinek, pero no lo logra. No me gustan los cuentos de Inma Luna porque están llenos de frases que no aportan nada y, desde mi punto de vista, las cosas que no aportan nada no tendrían que decirse porque sólo sirven para llenar hueco. Por ejemplo:

Eran las siete y media de la tarde, una hora tranquila de luz esquiva, hora de merienda tardía y cena temprana. Olía a fuagrás. El gato hizo fu.
Vi a Adelita desde mi ventana. Tenía mucha hambre.
El gato era un gato.
Adelita quería comprar pan y cantar y ser acariciada.
Yo era un asesino y antes fui un fotógrafo.
La luz es muy importante. La luz, la sombra y el color.

Sólo este fragmento ya tiene mil errores: el narrador elegido es un narrador observador que mira a su “objeto de deseo” desde lejos. Cómo puede entonces saber lo que piensa, lo que siente y lo que desea, si quiere comprar pan o no, si tiene hambre o no. Ya sé que algunos me dirán que el narrador es un asesino loco que cuenta como ciertas las cosas que se imagina. Pues vaya por dios, no lo logra muy bien.

Más arriba, en este mismo relato, dice que Adelita pela con ternura una naranja… ¿Cómo es eso? Oye, haz que lo vea, no sólo me lo digas, no sé, di algo como: “pela la naranja como el que acaricia a un bebé con las yemas de los dedos”… El libro está lleno de cosas así, dice, dice y dice, pero no muestra nada. ¿Y qué es esa obviedad de que “el gato era un gato”?

El libro de Miguel Ángel Muñoz no me gustó. Es muy, muy denso. Da demasiadas vueltas (sobre todo en los relatos más largos) para decir las cosas y eso a mí me aburre porque siempre he pensado que lo complicado de verdad era utilizar las palabras justas para decir las cosas, no marear la perdiz. También me resultó pesadísimo el aluvión de adjetivos antepuestos al sustantivo. Eso ya me parece una petardada incluso en un poema, pero en una narración no tiene perdón, le da un aire absurdamente solemne, recargado.

Estas largas explicaciones van para aquellos que me han dicho que qué es lo que no me gusta de determinados libros, que digo que no me gustan, pero no doy razones. Bien, espero que les sirvan estas razones que expongo aquí.

Digamos que esto es todo lo que tengo que decir de los libros del Setenil. Mucha suerte a todos los participantes, que aunque pueda parecer una borde por las cosas que digo, no le deseo ningún mal a nadie.

viernes 19 de junio de 2009

Perturbaciones

viernes 19 de junio de 2009 6
Editorial Salto de Página
Edición y prólogo de Juan Jacinto Muñoz Rengel

Acabo de leerlo y no me ha gustado demasiado la selección de autores y textos. Se trata de elegir a autores destacados del relato fantástico, ¿no? Entonces por qué algún que otro relato no es fantástico y por qué algún que otro autor no ha escrito más relato fantástico en su vida que el que se incluye en esta antología. Y por el camino se han quedado otros que sí merecían estar, como José Mª Latorre.
Eso sí, hay que destacar varias cosas:
a) El espléndido prólogo de Muñoz Rengel (él mismo un gran cuentista), que delimita muy bien las parcelas del relato fantástico, qué es y qué no es el relato fantástico. Pero a la hora de seleccionar autores se pasa por el forro de las narices los mismos límites que expone en dicho prólogo.
b) Los estupendos relatos de Ignacio Ferrando, Norberto Luis Romero, Félix J. Palma, Pedro Ugarte.